He aquí, a mis hijos, América
Rodolfo J. Lugo-Ferrer

Primera parte

Podríamos decir que el tiempo, en su sentido histórico y trascendental es el lazo o vínculo
que da coherencia a la colectiva He aquí a mis hijos, América, que reúne los trabajos de
seis de los alumnos de postgrado del Maestro Antonio Sal azar de la Escuela Nacional de
Artes Plásticas de San Carlos.

Detenerse para reflexionar, preguntarnos qué somos, cómo somos, hacia dónde, vamos,
tal parece que es el asunto que motiva la presente muestra, a todos nosotros cuándo
estamos frente a las obras expuestas. Conjuga el tiempo histórico, religioso, mítico, y aun
el porvenir. Con los adelantos de la tecnología, de los medios de difusión y la informática,
el tiempo y espacio han quedado reducidos a términos metafóricos, ya no existen, según
lo plantea la física cuántica, (ya lo había postulado el Taoísmo hace miles de años atrás).
Estos jóvenes artistas validan estos planteamientos en cómo tratan el tema del tiempo y
espacio en todas las obras, presentadas.

Con estas obras, somos testigos oculares de los hechos plasmados plásticamente. La
fusión entre tiempo y espacio es una alegoría, una metáfora de la vida. La realidad y la
fantasía reencontradas en las obras, plasman un mundo d e ensoñación. Dice Berthelot
que la ordenación del tiempo suele proceder de la del espacio. Esto se puede apreciar en
la presente muestra pictórica. La simbología mítica-histórica del trabajo de estos jóvenes
artistas nos transporta a través del tiempo histórico.

Los íconos religiosos de María Fernanda Carrasquilla (Colombia), validan el planteamiento
del tiempo detenido, siempre presente. Se conjuga la metáfora de la vida-muerte-
resurrección. La existencia humana es, a la vez, trascendencia del ser. En la obra
Diarios
de la memoria
, la artista recurre a la textualidad del libro de los recuerdos para
mostramos la analogía entre la pasión, la angustia y el dolor de la muerte de Cristo
crucificado con el sentimiento que le produce la muerte de su padre.  

Carrasquilla compara su dolor con el de María, madre de Cristo. En las obras
Rosas del
silencio
y Los siete dolores de María, utiliza los íconos de la simbología cristiana para
hermanarse con María, concibiéndose a ella misma como la Madre del Redentor. En la
primera aparece un autorretrato de la artista como María, se vale de u nos elementos
simbólicos para verse como tal. Las rosas rojas y los cuchillos son el sacrificio, representan
analógicamente la primariedad, la superioridad espiritual, el logro de lo absoluto y la
perfección.

En
Los siete dolores de María, el dolor, el silencio conjugan la muerte, quedando abolido
el tiempo y el espacio, mediante una simbología iconográfica, el corazón como centro
místico. Los cuchillos representan la altura espiritual, las rosas en las manos de la artista
como María son símbolo de finalidad y regeneración. El ángel y el búho son las fuerzas que
ascienden y descienden, son lo invisible entre el origen, la manifestación y la sublimación.
El árbol representa lo esencial de la tradición, el vínculo entre lo terrenal y la divinidad. Es
la vida, el cosmos, la inmortalidad, según Mircea Eliade “el árbol conduce una vida
subterránea hasta el cielo”.  Para el cristianismo es el eje entre los dos mundos, el
espiritual y el material.

En la obra de Heriberto Nieves (Puerto Rico) encontramos el tema del tiempo y espacio
abolidos, con la propuesta de vida-muerte-resurrección.  Las construcciones de Nieves
buscan definir la esencia de su identidad.  El artista nos hace cómplices de su lucha
agónica.  El lenguaje plástico de las obras presentadas muestran una franqueza en la
expresión pictórica, creando en el espectador un sentimiento de admiración.  Las
fotografías del cuerpo humano tienen una potencia avasallante expresan una gama de
emociones o estados psicológicos y espirituales, logrando comunicar mensajes metafísicos.
La obra
Autorretrato II es una metáfora de la muere-resurrección, su cuerpo es un
monólogo doloroso-tranquilo, evoca el Cristo crucificado  de  Andrea Mantenga.  En el
tríptico
Ventanas, se aprecia la simbiosis hombre-naturaleza; el plano composicional
recuerda Las tres Gracias.  Nieves sustituye las figuras femeninas por tres figuras
masculinas. De las obras presentadas, ésta es la que tiene menos fuerza gestual, la pieza
del medio se salva por sí sola.



* Publicado en el periódico mexicano El Día, 14 de mayo de 1995, 2.


Crítica de Arte