Misticismo y carnavalización en Marta Pérez
Rodolfo J. Lugo-Ferrer

El Caribe es ebullición, eclecticismo, orgística fiesta perpetua, es, además, "burundanga" a decir de Palés Matos.  
Es un caleidoscopio de rostros de diferentes etnías fusionadas.  Es juego de colores, danzantes, vibrantes y
brillantes.  Punto de encuentro de culturas, de sincretismos religiosos.  El Caribe se manifiesta "constante y
sonante".  Es fiesta de sonidos, de olores, de sensaciones y de  sensualidad.  En una sola palabra, el Caribe es
carnaval.

Este carnaval es el que recoge y se regocija en la obra plástica de Marta Pérez.  Esta agorera se transmuta en
bohique taína, en sacerdotisa de lo nombrado, en bruja perenne que cose y cocina la cotidianeidad de lo
caribeño.  Conjuga lo místico y mítico del vaho caribeño y logra presentarnos ese carnaval de pasiones que
somos en sus piezas pictóricas.  Por eso quedamos subyugados ante cada obra suya.

En el "Autorretrato Yo" nos pasa lo del personaje de Cortázar en el cuento "Axolotl", nos insertamos dentro del
lienzo y somos el personaje mismo.  Pérez conoce y sabe la magia de convertirnos en cómplices de la
carnavalización de lo místico, propio de todos los que respiramos el salitroso aire caribeño.

"En la pareja" se da la genealogía de múltiples etnías efervescentes de todos nosotros que identificamos en
cada rostro nuestro.  Que observamos insertados entre la exuberante vegetación tan características de esta
zona; que se hace cómplice de lo lúdico-sexual, y permite la fusión étnicas, que Marta logra retratar
excelentemente.

Y sigue el rumbón, la pachanga, la bachata y la  "guachafita colonial" en la pieza  "San Judas muy  ocupado".  
Fiesta de colores, baile de líneas y  formas, complacencia en el contenido.  Recuerden es  el Caribe de Marta
Pérez, es la historia caribeña  inventada por Marta Pérez.  Es el Caribe, en donde no hay espacio para pensar en
serio; ¡Que bueno!.  Ese gozo perpetuo es el que nos sostiene vivos.  Lo mismo podemos decir de la obra
"Teatro montado", en  el Caribe, quién le cree a quién.  Cada mañana, cada día que comienza, agarramos la
esperanza, la echamos a cuestas y seguimos vacilando.

En "Reina Sansiveria", "La candelaria", "Autorretrato", Marta Pérez conjuga el misticismo de las vírgenes
católicas con la carnavalización, el juego y combinación de elementos africanos.  Marta  Pérez conoce bien la
sincretización religiosa  característica caribeña.  Estas madonas convierten a la artista en una irreverente, en
una hereje  (desvergonzada y proscrita para los viste santos y come velas que merodean por ahí).

La carnavalización de lo místico en Marta Pérez se da, no como una burla, sino, como un hecho concreto de
nuestra manera particular caribeña de interpretar la realidad y la vida.  La lectura de estas obras se tiene que
dar partiendo del dualismo caribeño de las madonas, del sincretrismo religioso, del coito étnico, del enredo de
lenguas lenguajes; de códigos de color, forma, líneas, elementos constitutivos de la misma obra.

Marta Pérez nos obliga a recorrer con ella y su trabajo plástico, los "recovecos" de la historia nuestra; inventa la
historia del Caribe mágico, místico, irreverente, irrespetuoso (ahistórico, para la historiografía tradicional).  
Fiesta, más fiesta, disfuncionalidad, así lo presenta, y Marta lo reconstruye muy bien.  Esta exposición se
presentó en Petrus Galeros en San Juan.